Las altas temperaturas pueden afectar de forma importante a la salud de las personas mayores, especialmente durante los meses de verano. Con el paso de los años, el organismo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura corporal y también disminuye la sensación de sed. Esto hace que muchas personas beban menos líquidos de los que realmente necesitan, aumentando el riesgo de deshidratación y de sufrir un golpe de calor.
Los especialistas en geriatría recuerdan que no hay que esperar a tener sed para beber agua u otros líquidos. En las personas mayores, la sed no siempre aparece cuando el cuerpo necesita hidratarse. Por ello, es recomendable beber con frecuencia a lo largo del día, aunque no se tenga sensación de sed. Mantener una buena hidratación es una de las medidas más sencillas y eficaces para cuidar la salud y prevenir problemas relacionados con el calor.
La hidratación, una prioridad diaria
Beber suficientes líquidos a lo largo del día es una de las mejores formas de protegerse frente al calor. Aunque el agua debe ser la bebida principal, también pueden ayudar a mantener una buena hidratación otras opciones como las infusiones, los zumos naturales o frutas con un alto contenido en agua, como la sandía, el melón o las naranjas, siempre siguiendo las recomendaciones de los profesionales sanitarios cuando exista alguna enfermedad o dieta específica.
Además, durante los días de más calor es aconsejable realizar comidas ligeras y frescas, ya que favorecen una mejor digestión y ayudan al organismo a mantenerse hidratado y a sobrellevar mejor las altas temperaturas.
¿Quiénes presentan un mayor riesgo?
Aunque todas las personas mayores deben tener cuidado, hay algunas situaciones que hacen que el riesgo de sufrir deshidratación o un golpe de calor sea mayor. Entre ellas se encuentran:
- Personas con deterioro cognitivo o demencia, que pueden olvidar beber o no reconocer la sensación de sed.
- Personas con movilidad reducida o en situación de dependencia que necesitan ayuda para acceder a bebidas.
- Personas que toman varios medicamentos, especialmente diuréticos u otros tratamientos que favorecen la pérdida de líquidos.
- Personas con enfermedades crónicas, como diabetes o insuficiencia renal.
- Mayores de edad muy avanzada, cuyos mecanismos naturales de regulación están más debilitados.
En todos estos casos resulta fundamental que familiares, cuidadores y profesionales supervisen de forma activa la hidratación.
Señales de alerta que no deben pasar desapercibidas
La deshidratación puede confundirse con otros problemas propios de la edad. Por ello es importante prestar atención a síntomas como:
- Boca y lengua secas.
- Mareos o dolor de cabeza.
- Náuseas.
- Calambres musculares.
- Piel seca y muy caliente.
- Confusión o desorientación repentina.
- Sueño excesivo o apatía.
- Sudar muy poco o nada pese al calor.
Ante la aparición de estos síntomas es recomendable actuar cuanto antes y, si son intensos o se acompañan de una temperatura corporal muy elevada, contactar inmediatamente con los servicios de emergencia.
Errores frecuentes durante el verano
Uno de los errores más habituales es pensar que la persona mayor pedirá agua cuando la necesite. La realidad es que muchas personas mayores no sienten sed aunque su organismo ya necesite líquidos.
También conviene evitar otros hábitos que incrementan el riesgo:
- Salir a pasear durante las horas centrales del día.
- Mantener la vivienda caliente o mal ventilada.
- Utilizar ropa demasiado abrigada o poco transpirable.
- Realizar esfuerzos físicos cuando las temperaturas son elevadas.
- Confiar únicamente en el agua si esta produce rechazo, sin ofrecer otras alternativas saludables para hidratarse.
Cómo actuar ante un posible golpe de calor
Si una persona mayor presenta una temperatura corporal muy elevada, piel caliente y seca, mareos, confusión o pérdida de conciencia, es importante llamar inmediatamente al 112.
Mientras llega la asistencia sanitaria, debe trasladarse a la persona a un lugar fresco y ventilado, aflojarle la ropa, aplicar paños fríos sobre el cuerpo y, si está consciente y puede tragar con seguridad, ofrecerle agua poco a poco.
La importancia del apoyo familiar y vecinal
Durante los episodios de calor intenso es especialmente importante prestar atención a las personas mayores que viven solas o que tienen limitaciones para realizar actividades básicas.
Una llamada telefónica, una visita diaria o simplemente recordarles que beban líquidos puede prevenir situaciones de riesgo. La colaboración entre familiares, vecinos y cuidadores constituye una herramienta fundamental para proteger la salud y el bienestar de las personas mayores durante el verano.
Con pequeños gestos y unas sencillas medidas de prevención es posible disfrutar de esta época del año con seguridad y reducir los riesgos de las altas temperaturas.
